La nostalgia como motor de (casi) toda la oferta de ocio. La música en directo es un claro ejemplo de esta tendencia cada vez más acusada y más exitosa. Porque yo voy a apretar mis puñitos muy fuerte y cagarme en ella... pero a la gente de mi edad le entusiasma.
Es evidente, no estoy descubriendo nada, en los últimos 20 años han descendido los conciertos en salas y la gente que va a ellos. Al mismo tiempo han salido como hongos después de la lluvias de septiembre un sinfín de festivales y "festivales" durante todo el año prácticamente. La temporada ahora empieza en abril y termina en octubre, literalmente hay cientos de festivales con ligeras variaciones del cartel llenando cada uno de los días posibles.
Los festivales ahora son la forma de "consumir" música en directo preferida por la gente. Pero los festivales ya no son lo que eran tampoco, la música que antes importaba poco, ahora no importa una mierda. Son mucho más importantes cosas como la zona vip, la comida, una noria o una marca que te maquilla que los conciertos suenen bien, que haya buenos horarios o una buena selección musical. En la mayoría de festivales además se realiza una serie de prácticas totalmente abyectas contra el usuario, como hacer pagar un extra par poder salir o no poder meter comida. Pero eso me importa poco, voy a lo que debería importar, lo musical.
Vamos a partir de que a la mayoría de la gente que va a un festival le interesa un grupo (y eso con suerte) y que el sonido le importa menos que a mi el css de esta página. Y los festivales lo saben, ya no se busca hacer un cartel equilibrado y atractivo. Por otro lado la gente que va a los festivales es de media mucho más mayor que antes (en la mayoría de ellos) y eso ha provocado que el cartel de los festivales haya cambiado profundamente.
Inicialmente los festivales tenían cuatro grandes grupos de componentes, las viejas glorias, los cabezas de cartel, los grupos consolidados y los grupos emergentes. Más o menos cubrían toda la vida de un grupo, los inicios, cuando ya tienen un par de buenos discos y cierto éxito, los que lo están petando y los que lo habían petado. Esto ya no existe, los grupos emergentes han casi desaparecido, los consolidados son menos y ocupan el lugar de los emergentes, las viejas glorias son los cabezas de cartel y las viejas glorias ahora son los grupos que antes eran consolidados y ahora son viejos. Es decir, a efectos prácticos los carteles de 2025 se diferencian bien poco de los de 2005. Y esto es porque los asistentes somos los mismos y queremos nuestra dosis de nostalgia y escuchar cosas familiares. Incluso cuando un grupo nuevo llega a ser suficientemente importante para estar entre los consolidados o, incluso, cabeza de cartel... hace música que no hubiera desentonado en 2005. Lo más gracioso es que a la gente no le importa nada el grupo, solo estar. Se ve y se siente cuando el murmullo de la gente llega a superponerse a la actuación, los murmullos siempre han existido pero ahora son mucho más persistentes. Otro tema complementario es que ahora los festivales están hechos para que haya grupos que debas ver sí o sí, que no se quede medio vacío un escenario, antes las programaciones estaban hechas para que eligieras, para evitar grandes aglomeraciones en algún escenario. No era raro ver a The killers tocando en el escenario más grande y Peter Doherty contraprogramando en otro y consiguiendo arrastrar a una quinta parte de los asistentes totales del festival. Esto obligaba a la variedad y a que los grupos fueran más potentes, la serie media era mucho más importante que los grandes cabezas. Esto se ha perdido completamente, mejor diseñar los horarios para maximizar el efecto de los grupos que has contratado, si hay que poner dos escenarios juntos para que en el mismo espacio vayan turnándose los grupos, mejor. Así que ya no hay dirección musical en los festivales, sale más rentable llevar a la misma gente continuamente, ya no se cuida el espectáculo ya que la gente prefiere hacerse un tatuaje de pega y una foto con unas guitarras que ver un buen concierto y, por supuesto, no se desafía al público, se le ceba y se le hace dar vueltas en una noria.
Ahora esta situación de búsqueda de la nostalgia se ha trasladado a las salas, pero no como cabria suponer con estos cabezas de cartel y viejas glorias girando sin parar, que va. Estos grupos hacen menos conciertos pero más grandes y la temporada de festivales, no necesitan más. En un mundo ideal las salas serían ocupadas por los grupos emergentes y grupos consolidados volviendose cabezas a base de reventar salas pequeñas y medianas, pero les ha salido un duro competidor para esos espacios, otra vez la nostalgia. Porque es aquí donde entran los grupos tributo, es decir, un grupo que imita e interpreta lo más fielmente posible el repertorio de otro grupo. Alguno pensaréis que no es diferente del grupo que antes te metía 5 versiones y 3 canciones suyas, pero sí lo es, ahora no hay nada suyo. Evidentemente no es posible tener a Muse o Héroes del silencio en una bar pequeño de una capital de provincia... pero sí a sus tributos y para una gran mayoría de público (los mismos que revientan los festivales) es suficiente. Y esto es una putísima mierda (así, bien soez), un grupo tributo es la garrapata de la música, la frenada que queda en un calzoncillo sucio, no tengo nada contra las versiones siempre que vayan acompañadas de imprimir tú estilo propio y de tus propias canciones, ser el Muse del palo o el tributo oficial de Queen (sic) no deja de ser un billete de tres euros, algo falso y asqueroso.
Así que ahora mismo nos encontramos que los festivales tienen prácticamente los mismos carteles que hace 20 años (incluso los festivales de música más moderna pecan de ello, teniendo siempre a los mismos tíos continuamente). Hay muchos menos conciertos en salas que hace 20 años y las que hay programan un amplio número de bandas tributo. Así que los grupos emergentes, incluso los consolidados, lo tienen jodido para girar y, ya no ganarse la vida, mejorar lo suficiente para tener esa oportunidad.
Y esto es lo que está enmierdando la música en directo. Básicamente una serie de zopencos que piensan que todo lo anterior (especialmente aquello que existía cuando tenían 20 años) es lo mejor, que no quieren escuchar cosas nuevas pero tampoco dejar hueco para que estas cosas nuevas se desarrollen. La situación es muy mala, aunque existen ciertos signos de resistencia y crecimiento de nuevo de grupos en salas pequeñas que renuncian a los cuarentones con euros por jóvenes con muchos menos euros, pero no pueden sustituir el entramado de salas que hemos perdido. Hace 20 años un grupo emergente potente se hacía 50 conciertos al año solo en salas y vivía de esto, ahora si su gira incluye 30 fechas es cojonuda, siendo la mitad al menos festivales. Pero eso puede hacerlo Shego, Biznaga o Alcalá norte porque son grupos que consiguen mucha atención mediática, los grupos que no tienen esa atención mediática igual te hacen 15 fechas un buen año, igual 5 un año normal, o ninguna... En los festivales todavía no hemos visto los tributos, pero estoy seguro que no tardaremos en verlos, consumandose el ataque que mi generación ha realizado contra la variedad y la innovación musical. Muerte a los tributo como primer paso para destruir la nostalgia mal entendida que nos rodea.
Las bandas tributo y la enmierdificación de la música
La música en directo se está yendo a la mierda, las bandas tributo es uno de los síntomas, pero no el único. Los festivales también han aumentado mucho y se han enmierdado de forma obscena. Aquí van mis quejas de pollavieja sobre el tema.